domingo, 1 de marzo de 2015

PASO 14 “MIRATE AL ESPEJO”




Y no me refiero en sentido metafórico, en sentido literal, mírate al espejo y analiza tu aspecto actual. Yo lo hice ésta mañana y traté de ser objetivo, tengo peor aspecto que Kiko Rivera en su último día en Supervivientes. Me he dejado mucho estos últimos meses, tengo una barba, desaliñada, los pelos como A. Einstein despertando con resaca, mi masa muscular se ha convertido en masa a secas y tengo la cara hinchada por la medicación. Pero el rasgo que más llamó mi atención han sido mis ojos, aquellos que un día relucían de vitalidad y optimismo hoy tienen un extraño brillo opaco. Parecen dispuestos a llorar continuamente, listos para una evacuación lagrimal espontanea. El blanco de mis ojos se ha tornado grisáceo y mi el color pardo del iris es de color apagado. Ahora entiendo más que nunca aquello de que “los ojos son el espejo del alma”.
Pero vamos a tratar de dar con el aspecto constructivo. Después del paseo familiar que di ayer, y en el que casualmente hube de vivir la incómoda experiencia de pararme a charlar con conocidos en un par de ocasiones y obligarme a fingir sentirme, digamos normal; y mantener una conversación superflua (que ahora se me hace difícil de narices), hoy he decidido tener de forma voluntaria un encuentro social. Véase reunión con familiares de mi pareja, aperitivo, comida y sobremesa.
Afortunadamente tengo la suficiente confianza con ellos como para vetar cualquier tema que dispare mis crisis y hablar o dejar de hacerlo si no me siento cómodo, esto es de vital importancia en estos momentos.
De modo que, siendo consciente de la imposibilidad de recuperar la viveza de mis ojos y la alegría de mi mirada, he intentado recuperar al menos mi aspecto. Iba a decir mi aspecto mortal, porque olvidé mencionar que tengo peor color de cara que Drácula en La Cañada Real (para los afortunados que lo ignoréis, se trata de un barrio de Madrid famoso por las ventas de heroína). A lo que iba, que empiezo con las metáforas absurdas y me descentro. Arreglé mi barba, me corté el pelo, una buena ducha, buen cepillado de dientes, vamos lo que se entiende como aseo básico. Una vez limpio y desparasitado me sentí osado, digamos enarbolado y a mis últimamente, demasiado habituales, pantalón negro (o gris), abrigo negro y deportivas negras les añadí un jersey ROJO. Algunos pensaréis que me he vuelto loco, así de repente!! Un jersey rojo!! Pues tal como lo oís, y creo, así entre nosotros, que tenía hasta buen aspecto. Me sentí rejuvenecido, un poco más animado y hasta un poco más sano.
Puedo entender que estando enfermo de depresión, sienta bastante desinterés por mi aspecto, las contadas ocasiones que salgo a la calle tampoco voy hecho un cerdo. Lo que no alcanzo a entender es ésta nueva afición a vestir siempre de gris o negro. Supondré que se trata de un síntoma más, sin importancia.
Lo que sí la tiene y es una de las reflexiones o lecciones del día de hoy, es que debo empezar a cuidar más mi aspecto. Que olvidé aquello de que verse bien te hace sentir bien, aunque ahora sea sólo un poquito y que ésta será la nueva rutina que añadiré a las diarias en mi periodo de recuperación.

La segunda reflexión con la que termino por hoy es que es necesario sociabilizar, salir de la cueva y tratar de pasar un buen rato con gente que te entienda, que te permita ciertas licencias como levantarte un momento de la mesa para tomar aire si lo necesitas, y sobre todo, con la que te sientas a gusto. Ésta apartado de las relaciones se me continua estancando, me sigue dando agobio estar con gente fuera de mi entorno más íntimo, pero desde hoy o gracias a hoy, me cuesta un poco menos.

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