martes, 3 de marzo de 2015

PASO 17 “CUIDA TU CUERPO Y CUIDARÁS TU MENTE”



Como os comenté hace un par de días, desde que padezco la depresión y esto incluye al periodo previo de su diagnóstico, he descuidado muchos aspectos de mi vida, incluyendo mi físico. Antes de saber cuál era mi enfermedad, abusaba de la cerveza y del tabaco como conducta lesiva con el fin de eludir y olvidar mis problemas. Una vez diagnosticado, reduje el consumo del alcohol hasta que ahora sólo tomo cervezas sin alcohol, refrescos y Tang (me encanta el Tang). Ya expliqué hace unos días la incompatibilidad del alcohol con los síntomas de la depresión y su tratamiento médico.

Lo que sí es cierto es que en los últimos meses fumo más y, últimamente, como más y peor, algo habitual en los estados de ansiedad. Al principio me costaba mucho ingerir alimento sólido, me pasaba el día inapetente y la única comida decente que hacía al día era la cena, me despertaba con nauseas tras un par de horas de sueño y esa sensación de estómago cerrado me duraba casi toda la jornada.

Tras cuatro meses de tratamiento psicológico y médico, parece que el tratamiento esté haciendo algo de efecto, pero la ansiedad sigue ahí, con sus crisis y arraigada en mi cuerpo y mi mente. También los hábitos que estoy introduciendo en mi vida son de gran ayuda, pero creo que hay uno pendiente que es de suma importancia: Cuidar de mi cuerpo.

Si bien, anteriormente hablaba de volver a cuidar mi aspecto me refería a la parte más superficial del mismo. Barba, pelo, higiene, etc. Ahora creo que debo ir un paso más allá y cuidar de mi cuerpo como si de un templo se tratase.

Éste descubrimiento ha sido, de nuevo, inspirado por mi mujer momentos antes de comenzar éste post, cuando de forma muy poco sutil me ha recordado que estoy más gordo. Quizá no haya sido el mejor momento ni la mejor manera, pero no la guardo ningún rencor a la jodía.

Lo cierto es que he pasado de comer como un pájaro a comer como un cerdo, me atiborro de grasas, carbohidratos y algo de proteína. Comidas a deshoras y cargadas de calorías, que unidas a mi poca actividad física, están haciendo que sea más fácil saltarme que rodearme. Una vez regalados mis oídos con tan triste piropo he corrido al baño a mirarme con detenimiento y he constatado aquello que ya sabía pero no daba importancia: Me tengo que cuidar, y mucho.

Al ser consciente de ello tenía dos opciones: hundirme aún más en mis despojos, lamentarme y aumentarme mi acrecida inseguridad mientras sigo aumentando mi barriga… o ponerle remedio, y como hace ya casi una semana que decidí apostar por mí y por la vida, he decidido tomármelo como un estímulo. Porque no sólo quiero curarme, quiero salir de esta puta depresión (perdonad el taco pero me vengo arriba) fortalecido y mejorado.

Así que mientras escribo y fumo (otro hábito que voy a reducir) he tomado la determinación de comenzar a cuidarme por dentro. Voy a modificar mi alimentación, a hacer seis comidas diarias, control calórico y reducir la ingesta de carbohidratos y grasas. Menos bollos y más cereales. Adiós al sofá, hola escaleras. Creo que es el momento oportuno de salir a andar e incluso a correr, antes lo hacía a menudo y disfrutaba de ello, por lo que es una buena manera de mantenerme ocupado y en forma. Quiero recuperar ese deleite de verme físicamente bien, y de sentirme sano. Teniendo en cuenta que somos lo que comemos, mi dieta se parecía a mi armario, un completo caos. Mi armario ya lo ordené hoy, mañana toca ordenar mi alimentación y mi actividad física.


 Ya lo he dicho antes, no quiero verme ni sentirme como antes de la depresión, quiero estar incluso mejor. Pasito a pasito, pero sé que lo lograré.

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